11.17 A.M.
El frío suelo despierta mis sentidos.
Me agarro a las sábanas arrugadas
que envuelven mi desnudo cuerpo,
las huelo y las toco y las vuelvo a oler.
Aún queda en ellas
el aroma impregnado de tu ausencia.
El frío suelo despierta mis sentidos.
Me agarro a las sábanas arrugadas
que envuelven mi desnudo cuerpo,
las huelo y las toco y las vuelvo a oler.
Aún queda en ellas
el aroma impregnado de tu ausencia.
En la mesilla tengo tu foto sobre
el libro que me regalaste en La Habana,
acumulando días y polvo.
El olor a café llena la casa,
las viejas paredes de azulejos
reflejan mi figura y su desnudez
y en la encimera ya no hay azúcar.
A todo le falta el toque de tus manos,
las caricias en una cocina pequeña
o los besos de buenos días.
Ya nadie me grita desde allí que ponga la mesa.
La casa es un castillo deshabitado
conmigo como fantasma,
quizás la vieja foto con mi viejo,
los libros comprados en el Rastro
o las postales que nos enviábamos
hagan del salón un sitio más confortable.
Y de ahí hasta la noche,
donde te busco
en la cama helada de tu recuerdo.
3 comentarios:
melancolico y hermoso. Un bello poema
Saludos,
may
Sigues con la pluma en ristre... Me alegro por ti.
Precioso.
Un saludo
Publicar un comentario en la entrada