lunes 11 de abril de 2011

Vuelvo con Ismael Serrano

Han pasado varios meses desde mi última entrada. También han pasado muchas cosas en mi vida desde aquella entrada que, poco a poco, os iré contando. Esta mañana de primavera creo que necesito retomar este blog, este lugar de encuentro con gente que he entablado cierto nexo de uniones. Uno de esos nexos puede ser la música, más concretamente la de Ismael Serrano, por eso voy a empezar esta nueva etapa con la crónica del concierto de este pasado sábado.


Salida de Vallekas para ir a ver a otro vallecano. Una cerveza en Lavapies y rumbo al circo Price. Embajadores se llena de gente, de un lado la Casa Encendida, por el otro, el Circo. Entramos y podemos comprobar que el escenario está muy cerca del público; pienso que el concierto puede ser muy cercano. Pero me equivoqué. El concierto no es cercano es íntimo, si el anterior, el que abría la gira lo describí como alegre, este me resultó desnudo. Siempre había escuchado la típica frase de "se desnudo en el escenario", pero nunca había sido partícipe de tal escena, hasta el sábado. Un concierto de 4 horas (sí 4 horas) da para mucho, quizás muy extenso en los relatos que ya nos tiene acostumbrados, pero muy directo en los comentarios de las canciones.

Reivindicando la función de juglar, Ismael Serrano nos recordó aquellos viejos cantautores como Raimon, Labordeta, Silvio y tantos otros que no dejaban espacio para las medias tintas, que se comprometían con sus ideas y las exponían al público allí asistente. Es de agradecer estas cosas, muchos de los que allí estábamos pensamos como él, opinamos que la guerra de Libia no es distinta a la Irak, pensamos que Palestina es un golpe en el estómago a los derechos humanos, soñamos con abrir fosas y aprender de la memoria para evolucionar en esta sociedad y creemos que, por qué no, hay otra forma de sociedad no basada en el poder de los mercados.

Es de agradecer que alguien te diga que no estás solo, que una persona con un micrófono y cierto renombre te recuerde que no estás confundido, que es sencillo remar en una dirección, pero más valiente es remar a favor de tus principios. Aparte de las anécdotas sobre su nudo en la garganta en Luces errantes, esos cruces de miradas entre el vecino y el teletubi morado o la gran conversación con el gran Bergia, Ismael Serrano es de esos tipos que no dejan indiferente a nadie en cada concierto y que, a diferencia de la inmensa mayoría de cantantes, cada recital es distinto y abrumador.

Lo dicho, comenzaremos a vernos más a menudo.


Os dejo un vídeo que he encontrado por el youtube:

4 comentarios:

Madame Bovary dijo...

Una gran entrada para un gran cantautor. De todas formas, es difícil describir un concierto suyo. Digas lo que digas siempre te quedarás corto.

Un beso.

Laura dijo...

Allí estuve yo también, Álvaro. Veo por la perspectiva de tu vídeo que estabas en un lateral de las butacas. Yo estaba en la platea, un poco incómoda, la verdad (acostumbrada al Palacio de Congresos). En compensación que, sin lugar a dudas, compensa, el concierto fue muy íntimo, muy cercano, muy sincero, muy real, muy, muy, muy.

Salí encantada de haber escuchado no sólo esas canciones que son poemas sino de haber escuchado aquellas palabras que, como tú bien dices, ante un micrófono parecen cobrar una vida y una trascendencia que en tu cabeza no terminan de tener.

Yo también creo en la memoria, en la utopía, en que las guerras son absurdas sean donde sean y como sean. Yo también formo parte de luces errantes y la canté y la sentí y se me anudó la garganta.

Podría dejarte un comentario kilométrico, pero no queiro aburrirte repitiendo lo que tú tan bien has expresado así que recurriré a un sencillo "Grande Ismael, grande".

Un abrazo, compañero de conciertos.

PD: a mí me riñeron cuando saqué el móvil para hacer una foto.

Tesa dijo...

No estamos solos, pero se nos oye poco entre tanto griterío mediático, Álvaro.

Me alegro de tu vuelta, espero que estés de cine y con el tema de tu trabajo solucionado.

Todas las guerras son absurdas y causan demasiado dolor.

Si se callase el ruido, como canta Ismael con su cálida voz, podríamos decirles a los que toman las decisiones políticas que bajen de sus pedestales de barro y escuchen a su corazón de hombres.

Un beso,

Cecilia dijo...

Caray, que me hubiera gustado estar allí, aunque estuviera incómoda, no me importaría. Con tal de escucharle.