Las acampadas del 15M ya van para tres semanas y ahora me asaltan los sentimientos enfrentados.
Por un lado la cabeza me pide que hay que levantar las tiendas, recogerse por unos días y seguir en marcha por otros lados. La acampada puede servir para caer en la monotonía, en la costumbre, y cuando eso ocurre es malo. La monotonía haría habituarse a la conciencia y la protesta empezaría a perder visibilidad. Mi cabeza me dice que llevar las asambleas a los barrios es un paso, un gran paso para democratizar el asunto. Eso me dice mi cabeza cuando el fresco aire de Madrid me golpea en ella. Una pareja se besan bajo el letrero de una película de acción. Creo escucharle a él susurrarle al oído de ella que todo será maravilloso. Carretas está repleto de gente.
Al momento el aire se para y escucho algo desde mi corazón. Ésto no puede dejarse, las tiendas deben de seguir ahí hasta que no se consiga que los políticos nos hagan caso. Levantar las tiendas sería dar la razón a los que opinan que "ésto" es sólo un toque de atención , pero que pueden seguir con sus desaires a los ciudadanos. Irse de Sol podría dar lugar al olvido, a dejar todo en un bello sueño y ya está. Podría parecer una oportunidad perdida. Bajo las luces de neón de una hamburguesería, un joven mira la hora y se peina discretamente. Vuelve a mirar el reloj y suspira al viento. Creo leer en sus labios una frase, algo así como "esto va a ser maravilloso".
No sé, quizás es este tiempo. Este sol ardiente que se mezcla con un aire helado. Bajo al metro y todos me parecen que se hacen la misma pregunta, ¿cómo continuar la maravilla?